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Evitar divorcios por plata

Hay una frase que repetimos tanto en Pareja y Finanzas que ya dejó de sonar como un eslogan y se convirtió en una convicción: evitar divorcios por plata. La escribimos en nuestra biografía, la decimos en cada charla, la repetimos en el podcast. Pero pocas veces les hemos contado cómo esa frase pasó de ser una idea a ser, literalmente, nuestra misión y nuestra pasión.

De dónde nació esto

No la inventamos en una sesión de lluvia de ideas para definir el propósito de una marca. Nació viendo, de cerca, lo que el dinero mal hablado le hace a una pareja. Nació en nuestra propia historia, en las de nuestros amigos, en las de las familias que se sientan frente a nosotros a contarnos que ya no saben cómo hablar de plata sin terminar peleando. Y entre más profundizamos en el tema —incluso hasta el punto de convertirlo en el centro de mi proyecto de grado de maestría— más confirmamos algo que al principio era solo intuición: el dinero no es un tema menor dentro de una relación. Es, muchas veces, el tema que decide si esa relación sobrevive.

La evidencia académica lo respalda de una forma que a nosotros mismos nos sorprendió cuando la conocimos a fondo. Un estudio de Dew, Britt y Huston (2012), que siguió a 4.574 parejas a lo largo del tiempo usando datos de la National Survey of Families and Households, encontró que los desacuerdos por dinero son el predictor más fuerte de divorcio de todos los tipos de conflicto conyugal —más que las peleas por la crianza de los hijos, más que las tareas del hogar, más que el tiempo que pasan juntos—. Y lo más importante: ese efecto se mantiene incluso cuando la pareja tiene una buena situación financiera objetiva. No es que se divorcien por pobres. Se divorcian por desacuerdo.

En Colombia, la percepción de la gente va en la misma dirección: en un sondeo de la cooperativa Fincomercio, el 81% de los encuestados consideró que el mal manejo del dinero en pareja acelera el divorcio. No es un estudio con el rigor del anterior, es una encuesta de opinión, pero confirma algo que ya intuíamos: la gente sabe, por experiencia propia o cercana, que la plata sí rompe parejas.

Y las cifras oficiales en Colombia son contundentes. Solo en 2025, según datos de la Superintendencia de Notariado y Registro, se registraron 25.692 divorcios notariales y 2.419 disoluciones de uniones maritales de hecho. Eso es, en promedio, más de 70 separaciones legales cada día, en un solo país. Y hay un dato que a nosotros nos parece todavía más revelador: ese mismo año se tramitaron 18.797 disoluciones o liquidaciones de sociedades conyugales. Es decir, casi 19.000 veces al año dos personas se sientan a repartirse lo que construyeron juntas —muebles, propiedades, ahorros, deudas— porque el proyecto económico común no funcionó. Eso no es solo una cifra de dolor. Es también una cifra de ineficiencia financiera pura: patrimonio que se fracciona, se desgasta en trámites, abogados y tiempo, y que termina rindiendo menos para todos.

El impacto que no sale en ninguna estadística

Las cifras dimensionan el problema, pero no lo cuentan completo. Lo que hemos visto de cerca, acompañando parejas, es otra cosa —y aquí ya no les hablo desde un estudio, sino desde lo que hemos presenciado una y otra vez—:

  • El vacío emocional de los hijos, que sienten que su hogar se partió a la mitad y no siempre entienden por qué.

  • La ineficiencia financiera de dos personas que, en lugar de sumar, ahora tienen que dividir y desgastar lo que antes construían juntas.

  • El trauma que deja una ruptura marcada por el dinero, que a veces se siente más como una traición que como un desacuerdo.

  • La pérdida de energía y de años de trabajo, invertidos en un proyecto que se disuelve.

  • Hijos que, viendo a sus papás pelear por plata, empiezan a dudar de que la familia sea un lugar seguro.

  • La incomodidad de tener que organizar horarios, custodias y tiempos compartidos alrededor de una herida que sigue abierta.

  • Y, casi siempre en el centro de todo, una comunicación que se rompió mucho antes de que se rompiera el matrimonio.

Nada de esto se resuelve solo con una hoja de cálculo. Por eso, cuando alguien nos pregunta qué hacemos exactamente en Pareja y Finanzas, la respuesta honesta es que no hacemos una sola cosa. Intentamos abordar a las parejas desde varios frentes al mismo tiempo: un diagnóstico real de cómo está la relación, educación financiera práctica y aplicable, terapia de pareja cuando hace falta, y algo que para nosotros es central —enseñarles a funcionar como equipo—. Ahí nos apoyamos mucho en ideas como las de Andrés Panasiuk, quien en su libro Un equipo ganador insiste en que una pareja no gana cuando uno de los dos gana la discusión, sino cuando ambos juegan para el mismo lado.

Lo que todavía nos falta como sociedad

Ya sabemos —y por fin se empieza a hablar más de esto— que la educación financiera debería ser obligatoria desde la niñez. Pero hay algo que casi nadie está diciendo todavía: aprender a manejar el dinero con otra persona también debería enseñarse desde niños. No solo cómo ahorrar, cómo invertir o cómo hacer un presupuesto, sino cómo ponerse de acuerdo con alguien que piensa distinto sobre la plata, que la maneja distinto, que le teme o la desea distinto.

Y esa educación no puede ser solo técnica. Tiene que venir con valores. Con la claridad de que el dinero es importante —muy importante, no lo vamos a minimizar—, pero que no es el todo de nuestra vida ni mucho menos nuestra identidad. El día que una pareja entiende eso, deja de pelear por quién tiene la razón con la plata y empieza a preguntarse, juntos, para qué la quieren.

Esa es, en el fondo, toda nuestra misión resumida en una frase: evitar divorcios por plata. No porque el dinero sea lo más importante de una relación, sino precisamente porque no debería ser lo que la destruya.

Referencias: Dew, J., Britt, S., & Huston, S. (2012). Examining the relationship between financial issues and divorce. Family Relations, 61(4), 615–628. · Fincomercio, sondeo sobre manejo del dinero en pareja y divorcio. · Superintendencia de Notariado y Registro de Colombia, estadísticas de actos notariales 2025. · Panasiuk, A., Un equipo ganador.

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